Nacional
“Sé que se espera que meta goles”
Lo aseguró Guillermo Schickendantz, quien tras nueve años y casi 300 tantos en Europa se prepara para concretar su ansiado debut en el combinado masculino. Reconocido por la efectividad de sus cortos en España y Bélgica, nunca jugó un torneo oficial para Argentina y lo hará en el Champions Challenge I de Quilmes, desde el sábado próximo. Comentó que no se siente presionado por la estadística y repasó con madurez su particular historia de desencuentros con el Seleccionado de caballeros.


Con casi 300 goles anotados en el Viejo Continente, cosecha que le demandó nueve temporadas, Guillermo Schickendantz se encuentra por estos días a las puertas de concretar el sueño de toda su vida deportiva: Debutar oficialmente en un torneo FIH con Argentina. “Tengo una espina grande, porque Europa me levantó el nivel y me acercó a la Selección, pero a su vez me alejó”, reflexionó a días del debut en el Champions Challenge de Quilmes.

En una extensa entrevista con cahockey.org.ar el delantero cordobés contó por qué, a pesar de su exitoso paso por España y Bélgica, nunca pudo consolidar una trayectoria en el combinado albiceleste. “Toda mi vida soñé con entrar a la cancha, tener la camiseta puesta y que suene el himno. Y emocionarme en la cancha y no mirando los partidos por la televisión, como me pasó siempre. La espina desaparecerá después del torneo”, comentó el jugador de Córdoba Athletic y afirmó: “Tengo 33 años, pero si me dejan voy a estar hasta los 40”.

-Empecemos desde cero, ¿cómo nace tu historia con el Seleccionado?
-En 1999 me llama Marcelo Garraffo. Fue la etapa en la que yo entrenaba acá, en Capital, pero como estaba tan desorientado me fui... Literalmente me fui.

-¿A qué te referís con “me fui”?
-Llevaba jugando al hockey dos años y de repente estaba entrenando con el Seleccionado nacional en el CENARD. Me interesaba, pero a su vez era todo muy raro. Eran todos grandes y yo no conocía nada de esta historia. Nunca había visto un partido internacional y no sabía quiénes formaban parte del Seleccionado. Estuve dos o tres semanas entrenando y me fui. No le dije nada a nadie, agarré mis cosas y me fui. Lo llamé a mi viejo y le dije:”Viejo, no quiero estar más acá” y me volví.

-¿Cómo reaccionó la gente del Seleccionado?
-Ni idea, porque no los vi más. Creo que también fue un momento raro, porque fue cuando Garraffo se hace cargo de la Secretaría de Deporte de la Nación, entonces asume Alejandro Verga. Si hoy todavía hay cosas que creo que me faltan para poder estar bien, imaginate entonces con 18 años. Yo estaba acá porque habían visto algo en mí, pero la realidad era que me faltaba un montón. Sí recuerdo que en ese entonces también estaba entrenando otro chico de Córdoba, que me dijo: “¿Qué hiciste, por qué te fuiste? La gente preguntaba por vos”.

-¿Y cómo siguió tu historia? ¿Cuándo te llamaron de nuevo?
-En el 2002 Jorge Ruiz me vuelve a convocar. Yo ya me había ido a Europa, pero venía en diciembre y solía jugar algunos partidos, porque solía venir Italia, Chile o se organizaba algún Cuatro Naciones. Yo venía dos o tres semanas a entrenar y me iba, pero nunca quedaba en la lista para un torneo. Después asume Cachito Vigil y juego un partido Cataluña-Argentina, en Barcelona. Y de nuevo se dio lo mismo: Yo estaba en las listas de 25 jugadores, pero nunca quedaba para ningún torneo. No me ponían ni para un Cuatro Naciones, no era que yo pretendía estar en un Juego Olímpico o un Mundial.

-¿Alguien te dio o pediste explicaciones alguna vez?
-No, yo a Cachito le termino diciendo que no venía más... Antes de seguir, quiero dejar claro que no lo cuento con rencor ni soy rencoroso con nadie, porque creo que todo me sirvió para estar hoy acá. Pero con Cachito se dio así. Le dije que estaba cansado de venir a entrenar y no quedar en ninguna lista y él me contestó que me faltaba continuidad en esto, entonces le comenté que necesitaba que el entrenador me diera continuidad. Me pidió que no me bajara, pero la situación se dio en un momento especial donde se me juntó todo. Estaba yéndome a la B con el Taburiente, afuera en el Seleccionado y ahí es cuando Fernando Ferrara me ofrece ir a jugar para Italia...

-¿Te vas a representar a Italia un poco por bronca?
-No, no. En Argentina no había manera de entrar o porque yo no les gustaba o porque no iba a tener lugar nunca. Entonces Ferrara se hace cargo del Seleccionado de Italia y me invita a formar parte del proyecto. Lo tomé como eso, porque me daba la oportunidad de jugar torneos internacionales a nivel de Selección. Fue en 2007 y duró algo así como seis meses. Lo de Italia fue espectacular y me quedó una gran relación con Fer. Luego no jugué más para ellos y fue cuando me llaman para formar parte del club Egara. En ese momento los sueños míos con Argentina cambian, porque al entrar en un club grande me doy cuenta que puedo estar y puedo tener un nivel. Entonces, me dije: “Chau, no juego más para Italia porque si me llega a ir bien en el Egara, surgirá la posibilidad del Seleccionado”. Ahí es cuando estaba cumpliendo una sanción de casi tres años por competir para otro país, cuando asumen Pablo y Jorge Lombi en 2009. Ellos estaban preparando el Mundial de India y me comentan que estaban estudiando la posibilidad de convocarme. Finalmente me convocan y la Confederación hace un intento para que la FIH me levante la sanción, sin poder lograrlo. Al año siguiente comienza la preparación para los Juegos Panamericanos y para Londres y es cuando viene la historia en la que Pablo pretendía que yo estuviera en Buenos Aires, entrenando.

-¿Sentís que en parte también tenés la responsabilidad por no haber formado parte de esta última etapa del Seleccionado? Lo digo, porque fuiste vos el que decidió no dejar Europa.
-Sin dudas que las decisiones fueron mías.... Algunas decisiones fueron mías. Si en el 2005 me hubieran empezado a probar en torneos, a lo mejor hoy sería un tipo que tendría 100 partidos internacionales. O no. A lo mejor habría dado lástima y me hubiera perdido hasta los contratos en Europa, qué sé yo. Lógicamente que no le echo la culpa a Pablo Lombi por esta última decisión. Yo vivo del hockey y ellos lo saben. Realmente eran contratos que no me iban a salvar para toda la vida, pero sí me iban a ayudar para lo que me queda. Mis contratos buenos llegaron en el mis últimos años, eso es importante aclararlo. Era una buena oportunidad económica y deportiva también. La oferta para el resto de los chicos que se volvían era jugar en el Seleccionado y luego el torneo Metropolitano, mientras que para mí era venir a Argentina, vivir en Córdoba, viajar a Buenos Aires para entrenar todas las semanas, dormir de lunes a viernes en el CENARD... La vida no es la misma para todos y eso es a lo que yo voy. No es lo mismo para un pibe que vive en Córdoba, Rosario o Mendoza, que para uno que vive en Buenos Aires. No le quito ningún mérito a nadie. Simplemente somos distintos y con esto no quiero decir que uno sea mejor ni que otro sea peor. No podés trabajar ni ver a tu familia de lunes a viernes. ¿Por un objetivo? Sí, está bien, pero es el mismo objetivo que para el pibe que vive acá. Implica dejar todo y de hecho lo estoy haciendo estando acá ahora. Yo tengo familia, tengo trabajo y estoy acá y digo que lo voy a hacer porque realmente lo quiero hacer. Siempre lo quise hacer.

-¿Volviste de Europa esperando esta oportunidad? ¿Te la imaginabas?
-No. No me lo esperaba porque ya estaba dedicándome más al trabajo como entrenador. Seguía jugando porque en mi vida siempre me voy a mantener activo, pero no me lo esperaba. Aunque en el fondo siempre que se da el cambio en un cuerpo técnico, un poco de esperanza tenés.

-Tu presente dice que estás entrenando con el Seleccionado y que te citaron para el Champions Challenge ¿Estás viviendo ese sueño que tanto imaginaste?
-Sueño con el momento en el que me toque entrar a la cancha con la camiseta puesta. No puedo dimensionar nada de lo otro, porque llevo muchos años viendo esto por la tele. Con dolor en algunos momentos y con emoción en otros. No sé si es un sueño, es un objetivo. Me dio una emoción enorme cuando se dio la lista, porque he sufrido un montón los momentos en los que no estuve. Yo soñaba con que a lo mejor podría haber estado en toda la previa hacia los Juegos Olímpicos y a lo mejor también haber terminado estando en Londres... Este no es un objetivo únicamente mío, porque mis viejos también lo sufrieron, al igual que mis hermanos, mis amigos y la gente del club. Entonces todo esto adquiere una dimensión que hace que no lo podés ni entender.

-En tu cuenta de Twitter dijiste que lloraste cuando dieron la lista para Quilmes ¿Fue así?
-La verdad que no recuerdo nada de ese momento. Los chicos del interior con los que compartimos este mes y medio de entrenamientos me veían con chances y me tranquilizaban. Pero en ese momento fue algo que no lo podía creer. Con 33 años volví a sentir cosas que sentía con 20. Es algo muy loco. Lo único que recuerdo es que con toda la emoción llamé a mis padres y les conté la noticia. No podría ni hablar y lloré desde ese momento hasta una hora después, cuando terminé de contarle a toda la gente. Todos los años se te vienen encima...

-¿Por todos esos años y goles en Europa, sentís que en Quilmes tenés la presión de “demostrar” cosas?
-No hablé con los entrenadores sobre qué me vieron o por qué estoy o no estoy. Siempre, el entrenador o la persona que confía en mí se merece que de todo lo que tengo. Vivo de los goles, así que lógicamente sé que se espera que meta goles. Pero quiero disfrutar del momento. Creo que va a ser la clave para que me vaya bien o mal. Si ahora pienso que tengo que meter diez goles para que la gente vea, va a ser un martirio. Yo quiero vivirlo con alegría y quiero disfrutarlo. Porque en el fondo también sé que si continúo con lo que vengo haciendo no tiene por qué irme mal. Puedo meter más o menos goles, pero no tiene por qué irme mal. Los goles que hice ya los hice y no me los van a quitar.

-¿Cuando te tocó dejar Europa, lo hiciste conforme gracias a esa estadística?
-En toda la etapa deportiva tengo una espina grande, porque Europa me levantó el nivel y me acercó a la Selección, pero a su vez me alejó. Porque en el último proceso con Pablo y Jorge Lombi una de las condiciones que hubo fue que los jugadores debían estar en el país. A mí, con todo el dolor del mundo, me tocó quedarme afuera por una cuestión económica. Yo entendía el planteo de ellos y que todos los jugadores se adaptaron a eso, pero por otro lado yo no podía jugarme mi futuro a nivel económico con 32 años. Tuve que decir no. Europa, por un lado me dio tanto y por el otro me quitó un sueño importante. Pero a nivel de satisfacción personal estoy contento, porque en todos los lugares donde estuve quieren que vuelva. Es lo más lindo que te puede pasar. Hoy siento nostalgia, porque fue un lugar donde fui muy feliz. Fueron nueve años y de los mejores que he vivido. A lo mejor algún día tendré un hijo y pasará a ser lo más importante de mi vida, pero hoy por hoy estoy satisfecho con esa etapa.

-¿Cómo viviste eso de ser reconocido en Europa y poco conocido en Argentina?
-Es normal. Estamos lejos y no es un deporte que es tan difundido. A lo mejor si se tratara de fútbol, sería imposible que no sepan o que no te vean. Hoy, ponerme a despotricar contra los que no te valoraban es medio irresponsable. Y más en el lugar en el que hoy me toca estar. Está claro que hubiera querido una oportunidad en otro momento y a lo mejor la vida hubiera sido distinta también. Hace poco, cuando comenté que volvía a Córdoba, lo hacía con la idea de no jugar más porque el cambio era muy brusco y uno de mis amigos me dijo: “Willy, acá está lleno de chicos que miran tus videos y son fanáticos tuyo, pero que no te han visto jugar. Sería bueno que juegues un tiempo, para que ellos conozcan quién sos”. Es normal que la gente no te conozca cuando pasas nueve años en Europa. No me parece que no me valoren, creo que se trata de una falta de conocimiento. No valoran cuando alguien te conoce, sabe lo que haces, pero no le gusta. De hecho, cuando a mi Pablo (Lombi) me vuelve a llamar para la Selección, creo que es Jorge el que estuvo más cerca de mi carrera allá y quien conocía más lo que yo estaba haciendo. Pablo podía tener números o estadísticas, pero no es fútbol donde podés ver todos los partidos. Esa es una realidad.

-¿Cuando analizas tu actual etapa en el Seleccionado pensas en el futuro o sólo en Quilmes?
-Lo dije cuando me convocaron y lo voy a mantener. Yo trabajo para Quilmes y después que vengan un día y que me digan: “Mirá, no podés jugar más”. No voy a ser yo el que diga que no y me voy a seguir matando en los entrenamientos para continuar. Pero también la vida me ha ido demostrando que me tengo que cuidar al cien por cien para mañana. Lo que se viene es este torneo y hay que estar a full. Después, nadie sabe qué puede pasar. Es lo mismo que con el tema de los goles: Si todo sale bien, si lo disfruto, si le pongo ganas y si doy lo que normalmente hago de la manera que siempre lo hice, no tengo por qué quedarme afuera de lo que sigue.

-¿Qué tiene que suceder para que el tema del Seleccionado ya no sea una espina en tu vida deportiva?
-Toda mi vida soñé con entrar a la cancha, tener la camiseta puesta y que suene el himno. Y emocionarme en la cancha y no mirando los partidos por la televisión, como me pasó siempre. La espina desaparecerá después del torneo, seguramente. Pero ya está. Lo que me ha pasado este año es un regalo. Era lo que me faltaba para terminar mi carrera de manera espectacular. Lógicamente me hubiera gustado jugar un Juego Olímpico a los 28 años o un Mundial, pero tuve un montón de otras cosas que también fueron muy lindas.

-Tu caso es curioso, porque comúnmente los jugadores dejan el Seleccionado y siguen jugando en sus clubes. Vos apuntaste a dejar la competencia a nivel de clubes y surgió el Seleccionado.
-Pasa que mi historia fue muy rara. Lo que normalmente pasa con los jugadores es que tienen un rendimiento, por ese rendimiento lo llaman al Seleccionado, ahí crecen y se desarrollan en sus mejores años. Después dejan el Seleccionado y descansan compitiendo a nivel de clubes en Europa, haciendo también alguna diferencia económica. A mí no me pasó eso. Me fui allá y arranqué de cero y terminé jugando en los mejores clubes de España y en la mejor competición a nivel continental y no me lo dieron por la Selección. Ningún contrato o plata que gané me llegó gracias al Seleccionado. Me lo gané por meter goles en los clubes donde jugaba. Ahora surge la Selección y no voy a decir que estoy cansado. Tengo 33 años, pero si me dejan voy a estar hasta los 40. Si corro y estoy igual, dependerá de que me saquen, no por una cuestión de ganas. Gracias a Dios toda la gente que me rodea, como mi pareja desde hace años, me apoya para que lo haga y mientras pueda, lo voy a hacer.

Sus inicios y los 9 años en Europa
Nacido el 22 de junio 1979 en Córdoba capital, Schickendantz se formó como deportista en Córdoba Athletic. Desde los cuatro años jugó al tenis y en 1996 se cansó de ese deporte. “Cuando le comenté a mis padres que dejaría el tenis, lo aceptaron pero me dijeron: `Está bien, pero algo tenés que hacer´. Entonces decidí probar el rugby por un tiempo”. Así fue que se hizo amigo de la ovalada hasta que el entrenador Marcos Oviedo apareció en su camino con el objetivo de revivir el hockey masculino en el club y lo invitó a formar parte del proyecto. “Empezamos con un grupo de 13 o 14 chicos, entre los cuales yo era el más grande con 16 años. Desde ese día, no paré más”.

-¿Jugabas en cualquier posición o ya eras delantero?
-Yo en ese tiempo era muy rápido y le pegaba muy fuerte a la pelota. En parte, eran cualidades que traía desde el tenis. Y sí, desde el inicio fui delantero. A lo mejor en algún momento me pusieron como volante porque hacía falta, pero siempre fui punta.

-¿Cómo surge la posibilidad y por qué te vas a Europa?
-A la vez que empecé el hockey, terminé la secundaria. Al mismo tiempo, inicié el profesorado de Educación Física y a trabajar en el mismo colegio donde había estudiado. También cumplía como director técnico. De repente estaba en el Seleccionado de Córdoba. En el 2002, Jorge Ruiz me llama para entrenar con el Seleccionado nacional en Buenos Aires y comienzo a viajar. Para poder hacerlo, tuve que acomodar todas mis actividades en Córdoba entre lunes y miércoles, mientras que el jueves y viernes, entrenaba con la Selección. Esa rutina la tuve durante un año y pico. Era una locura, porque al final te das cuenta que no estás haciendo nada bien. Ni entrenando, ni en el trabajo. Además, llegaba acá y me daba cuenta que no estaba en condiciones. Otra opción era venirme a vivir a Buenos Aires y no era que no me gustara la idea, pero creo que no estaba preparado para hacerlo. El tema es que no iba a poder vivir del hockey e iba a ser lo mismo que vivir en Córdoba, porque iba a tener que trabajar pero estando acá. Ahí fue que surgió la oportunidad de irme a Europa a tratar de crecer y mejorar. Manolo (Jorge Ruiz) en ese momento también me ayudó mucho, porque fue el que me recomendó ir a vivir afuera. Creo que fue lo más acertado en ese momento.

-¿Qué sucede en esos primeros tiempos en el Viejo Continente?
-En mi primer año, cuando decido irme, no conocía nada. De hecho recuerdo que no usaba internet. Era un pibe que se la pasaba en el club todo el día, como el día de hoy. Estaba la chance de Italia, pero no me convencía mucho. Manolo en una oportunidad le había aconsejado a todos los chicos que se querían ir a jugar afuera que no lo hicieran a Italia, porque no era un lugar en el que se pudiera crecer pensando en la Selección. Los otros lugares, como Holanda y Bélgica eran más difíciles, porque yo recién llevaba jugando cinco años al hockey ¿Quién iba a querer a un pibe que recién empezaba? Entonces elegía España. Mandé mails a distintos clubes y justo en Unión Deportiva Taburiente estaba Jorge Dabanch como entrenador. Ahí iniciaron varias charlas. En un comienzo no tenía lugar, hasta que al parecer que en un momento Jorge y Manolo se ponen en contacto y Ruiz le comenta algo así como que yo podría andar bien. Así se concretó mi viaje a Canarias, donde estuve cuatro años. En la primera temporada estábamos en la B y logramos el ascenso. Después Jorge Dabanch se fue del Club y yo me quedé dos años más.

-¿Te iba bien en el aspecto deportivo?
-A pesar de haber estado en un club en el que terminábamos sextos o séptimos, siempre la cantidad de goles anotados era parecida. Marcaba veintipico y me ubicaba entre los mejores de la Liga. No terminaba primero pero estaba arriba. El último año en el club, 2006/07, fue muy duro y nos terminamos yendo a la B. Había tenido todos los años oportunidades para irme a otro club, pero no me llamaba la atención cambiarme para pelear lo mismo. Pero cuando descendimos, yo ya tenía 26 años y estaba en un buen momento. Había metido de nuevo un montón de goles y el presidente me dijo que si tenía una buena oferta para irme, la aceptara. Estuve muy cerca de quedarme y pelear el ascenso cuando llegó un mail del club Egara en Terrassa, Barcelona, y fue como un sueño porque en ese mail me preguntaban si a mí me interesaba jugar para ellos; ellos estaban jugando los Play Off, las finales de la Copa del Rey y la primera edición de la Euroliga. No tenían tirador de cortos, entonces hablé con la gente del Canarias y les comenté que era mi oportunidad para crecer. En el Egara me encontré por primera vez en el alto rendimiento. Había ocho jugadores que venían de salir segundos en los Juegos Olímpicos de Beijing con España...

-¿Y cómo te acoplaste a ese nuevo club?
-Yo creo que fue el momento en el que más crecí, porque un poco en Canarias era el que manejaba el ataque del equipo y uno de los que más experiencia tenía. En un club chico tenés un jugador importante por línea y nada más, pero en el Egara llegué a un club en el que la figura no era yo. Era un club en el que tenía que encontrar mi lugar. Sin duda tenía que explotar el tema de los córner, me tenía que hacer fuerte en este aspecto y después ver en qué fase del juego me tenía que incluir para que mi rendimiento se note. Si intentaba hacer el juego que hacía en Canarias, o sea agarrar la pelota y correr como un loco hasta el área, iba a ser una tontería. Sobre todo porque tenía al lado a grandes jugadores como Pol Amat y Edi Tubau. Ahí fue cuando mi rendimiento en el área empezó a crecer, que es lo que hoy me tiene acá en Buenos Aires.

-¿Cómo recordás esa etapa en el Egara?
-Estuve dos años ahí. Recuerdo que en la primera temporada metí 51 goles... Trabajaba con la gente del club y con los más chiquitos. No sé cómo describir esa etapa. Yo creo que hubo un amor entre la gente del Egara y yo que no se terminará más. Hay personas que me siguen escribiendo hasta el día de hoy. Es un lugar al que yo volvería.... Luego hubo una crisis económica en la institución y la cosa se puso realmente muy mal. Edi Tubau, que era como mi hermano, me pide que me vaya con él a Madrid y así termino yéndome a Club de Campo. Ahí se formó un lindo grupo con el que perdimos la final de la Euroliga y ganamos una Copa del Rey.

-¿Qué recuerdos te quedan del Club de Campo?
-Estuve desde el 2009 hasta el 2011. Ahí tenía un contrato más formal y tenía que estar los diez meses de todo el año. Era más complicado volver para las fiestas y yo ya necesitaba estar más acá, en Argentina. Mi último partido ahí fue la final de la Euroliga y cuando la perdemos yo sabía que mi etapa allá se estaba terminando. En Europa me sentía alguien. En la Euroliga me sentía alguien y sabía que eso se acababa, porque Córdoba es otra historia en el hockey masculino. Me trata muy bien la gente y me quieren mucho, pero ahí soy más entrenador que jugador. Fue un momento muy duro para mí, pero apareció Jorge Dabanch de nuevo y me dijo: “Me estoy yendo a un club de Bélgica y me parece que deberías terminar bien tu historia acá. Tomate un año lindo y tratá de disfrutar tu último tiempo en Europa”...

-Veo que en tu historia, Jorge Dabanch tiene un rol importante.
-Y, mirá, Jorge fue el tipo que me metió en el tema de los arrastres. Yo no tiraba córners hasta que me fui a Canarias y él me empezó a meter con ese tema. Como se lo dije en varias oportunidades, es una herramienta que me abrió todas las puertas. Yo no creo que sea sólo un jugador que tiene córners, menos hoy, pero sin dudas que sin el fijo no hubiera tenido todas las posibilidades que tuve.

-En los cortos, ¿cuáles son las coincidencia técnicas que encontraste entre vos y los mejores?
-Yo estuve entre los mejores tiradores que había en su momento, pero cada tirador tiene su técnica. Si vos te pones a analizar, no hay uno que tire igual que el otro. Lo único que te puede comparar con los otros, son los resultados. O sea, si la metés o no.

-Claro, la efectividad.
-Sí. A lo mejor en ese sentido lo máximo que yo jugué fue la Euroliga, el máximo torneo a nivel continental. Fui goleador un año y al siguiente estuve cerca. Creo que en el historial todavía figuro entre los de arriba. Fui el primer máximo goleador histórico que se nombró.

-¿De qué se trató esa mención?
-Después que se jugó tres años la Euroliga, un periodista de allá me hizo una entrevista y cuando la pública pone que soy el primer gran goleador de todos los tiempos, porque yo tenía más de veinte goles. En ese momento, era el máximo anotador, pero después me pasaron otros. Recuerdo que en ese momento jugaba Taeke Taekema, que había terminado con cuatro y yo con once. Sería un irrespetuoso si digo que soy mejor que él, porque ha sido goleador de todo lo que ha jugado. Pero sin dudas que si comparas rendimientos, me he sentido al nivel de cualquiera. Le he tirado y le he marcado goles a los mejores arqueros de Europa. Me sentía al nivel de ellos.

-Continuando con el repaso de tu trayectoria, después vas a Bélgica decidido a cerrar tu etapa europea...
-Sí, iba decidido a cerrarla, pero con todas las ganas de competir. Entonces me cuidé de nuevo y terminé siendo el goleador con 34 anotaciones en un equipo que terminó séptimo, el Royal Antwerp. Es una liga espectacular y me quedé con ganas de seguir jugando ahí. España se había convertido en un torneo muy táctico y estratégico, mientras que en Bélgica todos trataban de atacar. Se daban partidos abiertos, en los que se podían marcar muchos goles.

-¿Recordás cuántas veces fuiste goledor en el Viejo Continente?
-Fui goleador de la Euroliga 2008/2009 y en esa temporada también me ponen dentro del equipo ideal. En el Club de Campo lo hice dos años en la Copa del Rey 2009/10 y 2010/11. También en la Liga de España, entre 2007 y 2010, además de la liga belga 2011/12. También está la Copa Comunidad Madrid, donde gané dos años, entre el 2009 y 2011. Y a eso hay que sumarle que también fui goleador en la Liga Nacional que jugamos hace poco en San Juan.

-¿Oficialmente, cuántos goles anotaste en Europa?
-No sé cuántos son los oficiales. Es difícil tener el dato, porque quise conseguirlo pero la Federación Española había cambiado de periodista y perdieron los números oficiales. Si me pongo a repasar, seguro son más de 250 entre todas las competencias. En España hice un promedio de 25 por año en 8 temporadas de Liga, más los 34 en Bélgica. Además, tengo 21 de la Euroliga y faltan sumar las Copas del Rey y Play Off... En Europa anoté casi 300 goles.


Prensa CAH/Rodrigo Spiess
Foto: Prensa CAH/Matías Correa Arce
  

 

 

 

 

 

 

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