NUEVA CANCHA "ADRIANA INES ACOSTA" EN EL CENARD
Una inauguración cargada de memoria
El martes 6 de octubre, se abrió la nueva cancha de hockey sobre césped del CeNARD. Lleva el nombre de Adriana Acosta, jugadora de la Primera de Lomas y de la Selección que fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar.

En un acto cargado de emociones y de memorias, la nueva cancha de hockey sobre césped del CeNARD fue inaugurada hoy con el nombre de Adriana Inés Acosta, jugadora de ese deporte que forma parte de la larga lista de desaparecidos que dejó la acción brutal de la última dictadura militar. La ceremonia contó con la presencia de familiares, amigos y compañeros de Acosta, además de funcionarios del Gobierno nacional y representantes de organismos de derechos humanos.

"En mi carácter de jugadora de hockey me complace que esta cancha lleve el nombre de Adriana, el de la delantera humilde y leal que dedicó casi la mitad de su vida a este deporte llegando a jugar en la Selección como así también de la persona sensible y solidaria que nos dejó sus ideales de ejemplo", dijo Jorgelina Rimoldi, referente emblemática en la etapa del nacimiento de Las Leonas, al hablar en el acto y recordar a Acosta, quien jugó en el club Lomas y en las selecciones nacionales de juveniles y de mayores.

Acosta fue secuestrada por un grupo de tareas de la dictadura militar el 27 de mayo de 1978, en una pizzería en el cruce de las calles Francisco Beiró y Segurola, en el barrio porteño de Devoto. Su historia se suma a la de muchos otros deportistas que fueron desaparecidos durante los años del régimen de facto, como, por ejemplo, el atleta Miguel Sánchez y el tenista Daniel Schapira, cuyos nombres están honrados en dos placas próximas a la que desde hoy es la cancha de hockey Adriana Acosta.

La memoria de Adriana estuvo representada ayer, entre otros, por sus padres Teresa y Oscar, sus hermanos Leticia y Marcelo, su tía Emma, sus sobrinos Nicolás, Santiago y Tomás, su cuñado Alejandro, sus compañeras Alicia Houson y Nadia Loray. De parte de las Leonas estuvieron la mejor jugadora del mundo, Luciana Aymar, y el entrenador, Carlos Retegui.

"Entre los 30.000 desaparecidos de la última dictadura militar, hubo más de 30 deportistas federados. Adriana Acosta, una excelente jugadora que dio todo dentro y fuera de la cancha, fue una de ellos. Los que en aquel tiempo se creían dueños de la vida y de la muerte pensaron que la iban a poder desaparecer. Adriana va a estar en este lugar, presente ahora y para siempre", afirmó el secretario de Deporte de la Nación, Claudio Morresi, durante la presentación en el CeNARD, de la que participaron, también, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y Tati Almeyda, por Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora.

En un conmovedor testimonio, Nadia Loray expresó: "Jugando al hockey primero fuimos compañeras, luego la respete como capitana y más tarde llego la admiración con su arribo al seleccionado.Al pensar en ella la tengo presente cuan carismática, altruista y gran compañera. Pero, por sobre todo, el gran sentido del humor que aportaba en cada entrenamiento y en cada previa de partido. Siempre estaba haciendo alguna broma. Lo grandioso de ella era la capacidad de resolver las situaciones, ella era la componedora del grupo. Si ustedes quisieran saber cómo era ella, tendrían que imaginar a una jugadora picara y rápida, tanto mental como físicamente. Esto, en una época donde no todas las jugadoras se destacaban como pasa en el hockey que vemos hoy. Nunca le pregunte que significaba el hockey para ella, pero supongo que debe haber sentido lo mismo que todas nosotras: un lugar donde una se encuentra y hace amigas, y también donde uno logra expresarse a través del deporte".

fuente: Clarín



LA HISTORIA DE ADRIANA INES ACOSTA, DESAPARECIDA EN MAYO DE 1978

Una Leona, treinta años antes...


La primera deportista desaparecida de la que se conocen datos fue una jugadora de hockey de Lomas, que llegó a integrar la selección argentina, mucho antes de que se impusiera la actual denominación de Leonas. Teresa, la madre, y Leticia, la hermana, recrearon la vida de Adriana.

"Por la derecha resplandece
Adriana, que por ser buena
y capaz es capitana...”
(Segmento de un cantito que sus compañeras del club Lomas le dedicaron a Adriana Inés Acosta, desaparecida el 27 de mayo de 1978.)

La jugadora de hockey corría sobre el césped a la par de esa joven sensible y solidaria o de la alumna prodigiosa que en el colegio Balmoral se sacaba casi siempre la nota más alta. Tenía 22 años cuando un grupo de tareas la secuestró en una pizzería de Francisco Beiró y Segurola, una esquina de Villa Devoto, a las 3 y media de la tarde. Adriana Inés Acosta le había dedicado casi la mitad de su vida al deporte que aprendió en la primaria, y cuando la selección femenina no imaginaba los éxitos de esta época, ni el apodo que sería su marca registrada, era ya una Leona. Por su compromiso arrollador hacia los demás y porque vistió, tanto en juveniles como en el seleccionado mayor, la misma camiseta con que hoy despliegan su talento en una cancha Luciana Aymar, Magdalena Aicega y Soledad García. Ella es la primera deportista desaparecida de la que se conocen datos fehacientes; los demás son hombres (ver aparte).

Su mamá, Teresa Bernardi de Acosta, y la hermana que le sigue, Leticia, recrearon su vida de estudiante, atleta y militante política, que están ligadas por una idéntica matriz de principios. El núcleo familiar se completa con Oscar Enrique, el padre, y Marcelo, el hermano más chico. En el corazón de Lomas de Zamora, a escasas tres cuadras de la iglesia conducida por el obispo Desiderio Colino –hoy fallecido–, que les dio la espalda durante la dictadura, la presencia de Adriana recorre como un duende los ambientes de la amplia casona. Se descubre su sonrisa entre las fotografías del hockey desparramadas sobre un escritorio, la libreta universitaria de la Facultad de Medicina de La Plata y varias copas y trofeos que atesora un mueble.

“Adriana hacía todo bien. Se mataba por su deporte. Tenía un tajo acá, otro más allá. Le gustaba mucho el hockey, tanto que un día se subió al colectivo para ir a la Facultad y se llevó el palo con ella. Cuando se dio cuenta que no iba a jugar, me lo tiró por la ventanilla”, recuerda Teresa. Su hermana evoca el perfil solidario que la caracterizaba: “Desde chiquita ayudaba a los demás. Por ejemplo, a las internadas del Hogar Patiño, que eran pobres. Ella las iba a cuidar, les llevaba botas o las traía a casa para el cumpleaños”. La madre completa la imagen de su hija desaparecida con otra anécdota: “Una vez se descompuso en el tren un viejito, no la dejaron ayudarlo y vino llorando. Estaba muy mal ese día”.

Leticia es cuatro años menor que Adriana, también jugó al hockey en Lomas e integró la selección nacional. Comenzó en las infantiles del club –que es socio fundador de la AFA y de la UAR–, y a sus puertas, en plena dictadura, corroboró el calvario que había sufrido su hermana. Una noche, mientras estacionaba su automóvil, una joven se le acercó: “Era la prima de un novio que Adriana tenía en la secundaria. A esta chica la secuestraron y la llevaron a El Banco, un campo de concentración ubicado cerca del aeropuerto de Ezeiza. Aparentemente, en su familia había un militar o un policía y la liberaron. Ella me preguntó: ‘¿Vos sos la hermana de Adriana? Yo estuve con ella y no te puedo decir más nada porque tengo miedo de que le pase algo a mi familia’. Tenía terror...”

Teresa no olvida los traumáticos instantes previos a la desaparición de su hija. “Cuando ella terminó el primero o segundo año de Medicina (antes había estudiado Ciencias de la Educación), me dijo: ‘Voy a tener que cambiar la carrera de nuevo, porque acá no me puedo quedar más’. Yo estaba chocha. Pero claro, la razón la explicó después. ‘¿Vos no sabés la gente que desaparece en La Plata? Por eso me voy a venir a vivir acá’. Eso sucedió luego del golpe en el ’76”.

Sentada junto a su madre, Leticia amplía la visión que conserva de aquella etapa y describe cómo se cruzaron el destino de su familia y la de Hebe de Bonafini: “Adriana estudió Medicina en La Plata y abandonó. Me acuerdo que unos años después, yo iba a dar el examen de ingreso en la misma carrera y le pedía a ella los libros. Pero me respondía: ‘Se los presté a Fulano’ y ese compañero terminaba tirado en una zanja. En aquella época desapareció uno de los hijos de Hebe. Adriana alquilaba un departamento con él y su esposa, la Negra”.

El recuerdo de los Bonafini continúa muy vívido en la memoria de Poli, como también la llaman a Teresa. “Nos cruzábamos con ellos, estábamos encantados con esa familia. Decíamos: en qué buena casa cayó Adriana. Porque una siempre andaba con miedo, ¿sabe? Y cuando Adriana no venía un fin de semana porque tenía que estudiar, nosotros llevábamos mercaderías. Muy buena gente”.

A esa altura y tras una gira por Inglaterra en 1975, la mayor de las hermanas Acosta abandonaría casi por completo el hockey, donde se destacaba como número 7. Sólo continuaría un tiempo más en el club Longchamps. “Me parece que hasta el primer año de Medicina todavía jugaba, aunque era una locura, porque estudiaba un montón e iba de un lado para el otro con el palo”, describe Leticia. De aquel año es una revista editada por el club Lomas, en la que Adriana aparece en una foto a los 19. Una reseña de su carrera deportiva la acompaña: “Jugadora de Primera División; integrante del equipo juvenil campeón de la temporada 1972. Jugadora del seleccionado juvenil argentino en 1972. Preseleccionada para la Copa del Mundo de Cannes en 1974. Integrante del combinado argentino que enfrentó a la Selección de Estados Unidos en 1973 y del equipo de Capital, campeón del torneo de la República en 1973...”, entre otros datos.

La semblanza también está traducida al inglés, como no podía ser de otra manera en un club fundado por británicos. Teresa y Leticia coinciden en que la hija y hermana desaparecida se hubiera destacado por su nivel deportivo entre las jugadoras actuales. Pero eso importa muy poco comparado con su clamor de justicia. Además, de Lomas y del colegio Balmoral donde Adriana se formó, sería deseable un tributo a su memoria que ni siquiera se insinuó en 28 años. Si se guiaran por la amnesia de un ex entrenador que supuestamente la valoraba y una íntima amiga que cursó la escuela con ella, los Acosta seguirán esperando.

Como fuere, su madre retiene una imagen mucho más entrañable: “A Adriana la lloró todo el barrio”, cuenta. Su entrega y sensibilidad social son un ejemplo de los ideales que hoy escasean en el mundo del deporte y otros mundos. ¿Habrá alguien de los ambientes que frecuentó capaz de rescatarlos del olvido?

fuente: Por Gustavo Veiga .:. Página 12
  

 

 

 

 

 

 

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